Sueños de Bunker Hill (John Fante)

Sueños de Bunker Hill - John Fante

A veces ocurre que para llegar hasta un libro hace falta de alguien que nos lleve hasta él, alguien que nos lo recomiende y nos cuente su experiencia. En el caso que nos ocupa, si empezáramos a tirar del hilo de los lectores que se recomiendan unos a otros las novelas de John Fante, probablemente llegaríamos hasta Charles Bukowski. Él mismo nos narra su maravillosa experiencia en el prólogo de “Pregúntale al polvo”, una sincera declaración de admiración literaria:

“Casi todos los libros que leía pertenecían a la Biblioteca Municipal del centro de Los Ángeles, pero nada de cuanto me caía en las manos tenía que ver conmigo, con las calles, ni con las personas que me rodeaban. Me daba la sensación de que todos se dedicaban a hacer juegos de prestidigitación con las palabras, que aquellos que no tenían prácticamente nada que decir pasaban por escritores de primera línea”

“Pero cierto día cogí un libro, lo abrí y se produjo un descubrimiento. Pasé unos minutos hojeándolo. Y entonces, a semejanza del hombre que ha encontrado oro en los basureros municipales, me llevé el libro a una mesa. Las líneas se encadenaban con soltura a lo largo de las páginas, allí había fluidez. Cada renglón poseía energía propia y lo mismo sucedía con los siguientes. La esencia misma de los renglones daba entidad formal a las páginas, la sensación de que allí se había esculpido algo. He ahí, por fin, un hombre que no se asustaba de los sentimientos”

“Sí, Fante tuvo sobre mí un efecto poderoso”

Así, gracias al empeño de un fascinado Bukowski, Fante resucitó de entre los autores muertos, limpio del polvo de los anaqueles. A golpe de reediciones y buenas (aunque tardías) críticas recobró su poderosa voz, incluso conoció la dimensión del superocho cuando Collin Farrell y Salma Hayek protagonizaron la adaptación cinematográfica de Pregúntale al polvo (al viento en carteleras). Puede que ahora sí te empiece a sonar de algo toda esta historia. Lo mejor de todo, naturalmente, no es la película, es el resto de la obra de John Fante. Tal y como señalaba Bukowski, no existe obra mala en dicho repertorio y Sueños de Bunker Hill es otro magnífico ejemplo.

Si hablamos de John Fante, tenemos que hablar de Arturo Bandini, uno de los personajes más fascinantes jamás creados en la literatura. Alter-ego del propio autor, Bandini es hijo de emigrantes italianos, pobre como las ratas, con todas las cartas de la baraja de los perdedores y con todas las pajas mentales del mundo. Sueña desde joven con ser escritor, un escritor colosal que salvará a la humanidad de la mediocridad literaria con renglones y frases prodigiosas. Soy Arturo Bandini, escritor. A lo largo de 4 obras vivimos las peripecias del joven italoamericano, sus pequeños triunfos y sus grandes fracasos: Pregúntale al polvo, Espera a la primavera Bandini, Camino de Los Ángeles y Sueños de Bunker Hill.

En Sueños de Bunker Hill, novela que cierra la tetralogía, Bandini se establece en un hotel de mala muerte de este barrio de Los Ángeles. Tendrá la oportunidad de entrar a formar parte de una plantilla de guionistas de Hollywood. Descubrirá entonces, horrorizado, el funcionamiento de la gran fábrica de sueños. Allí verá como otros escritores, reconvertidos ahora en guionistas, yacen petrificados en cómodos despachos a cambio de buenos sueldos, sin ilusiones, conformes, sin sueños, muertos. Vivirá una historia de amor imposible con la casera de la pensión donde duerme, una mujer mucho mayor que él, y acompañará en sus veladas a un extravagante luchador de lucha libre de origen italiano. Los quiebros del destino lo llevarán una y otra vez lejos de sus aspiraciones. A pesar de ello, nada logra distraer su pasión por la máquina de escribir. Recibe duros golpes, se levanta y vuelve a la carga; es un púgil de culo inquieto que rebota en la lona como si fuese de goma. Y es que siempre hay una bala en la recámara del escritor que persigue sus sueños, aunque éstos duerman en hoteles de Bunker Hill.

“Allí estaba otra vez, otra vez en LA, con dos maletas y diecisiete dólares”

Arturo Bandini traspasa las fronteras de la metaliteratura. Fante no se limita a narrar la típica historia del escritor que desea triunfar sin llegar a prostituir su pluma haciéndonos partícipes de sus fobias. En la obra de Fante el humor y la tragedia caminan juntos, camuflándose en anécdotas y situaciones disparatadas. Cada página late por sí misma repleta de emociones y sentimientos. Ríete de los escritores duros que apuntalan muros frágiles. Bandini es de carne y hueso, uno de esos pocos personajes capaces de emerger del papel. El tiempo, como decía Larra, pondrá a cada cual en su sitio (¿el público?, ¿quién es el público?). Espero de todo corazón que Bandini permanezca en el olimpo de los personajes inmortales.

Gracias Fante.

“- ¿Qué te he hecho, Señor? ¿Por qué me castigas? Lo único que pido es una oportunidad para escribir, para tener un par de amigos y que cese esta lucha. Dame paz, Señor. Haz de mí algo que valga la pena. Que la máquina de escribir cante. Encuentra la canción dentro de mí. Sé bueno conmigo, porque estoy solo.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *