Los trasnochadores – John Lessone

Los trasnochadores

Aunque han pasado más de dos mil años desde que Catulo escribió sus composiciones, mucha gente sigue pensando que hay temas literarios y temas que no lo son, es decir, temas que no podrán formar parte de una composición literaria y temas que sí. No estoy de acuerdo con este planteamiento. Creo que lo que determina que una obra sea literaria o no es la forma en que se expresa, no sólo el contenido.

Actualmente, nadie se escandaliza porque en una novela se hable de juergas, alcohol, drogas, sexo… Pero aún hay mucha gente que si les dicen que en una novela aparecen estos temas, directamente colocan la obra en un escalafón inferior de la jerarquía literaria. Para esta gente no está escrita Los trasnochadores, no están a la altura de la obra.

En esta novela aparecen estos temas y más a través de una galería de personajes inolvidables, la pandilla de trasnochadores que irán salpicando la honorable Villaserrín de sus excesos. Por ejemplo Papito, descrito de la siguiente manera:

“A Papito lo habían llevado a la clínica por las buenas, y tanto debió gustarle a los especialistas el cuadro del paciente que decidieron quedárselo una temporada […] ¿Un pleno? Sí, que no le faltaba una sola sustancia en la sangre, y encima con brotes depresivos y manías persecutorias […] Un caso extraño. ¿Extraño? Lo extraño es que siga con vida” (p.101).

Junto a él, el empresario Enric Falcó, Ortega, Santos Laviña, Hojiblanca, el portero Buffalo, Menéndez, Fibonacci, Lechín, el juez Sanz, John Mhorci… o El Poeta Raro, que por sus acciones queda descrito:

“Entre los dos policías introdujeron al poeta borracho en la parte trasera del vehículo […] El poeta comenzó a empañar los cristales traseros del coche con el vaho de su aliento y comenzó a trazar extrañas formas con el dedo […] Poco a poco, fueron apareciendo en los cristales formas alargadas con círculos en la base (p.114)”

Y por supuesto el juego del Duro, convertido a lo largo de la trama, a lo largo de la noche – porque en realidad la acción principal se centra en una noche –, en un personaje más, en un miembro más del grupo.

Aunque en un principio podríamos pensar que Los trasnochadores es una novela que anda por caminos ya trillados, la sinceridad con que está escrita, la honestidad con el lector, provocan que rápidamente caigamos en las redes de la historia, una historia que transcurre a ritmo frenético, al son de Los Chichos.

La novela está escrita con las entrañas, y eso se nota, eso se agradece. Y este detalle se hace patente sobre todo en el final, un final que considero perfecto, redondo, inesperado y original, porque en mi opinión este final es el que singulariza Los trasnochadores de otras novelas encuadradas en ese estilo. Evidentemente, os animo a que investiguéis por vosotros mismos la razón.

Y dentro de ese final, la escena – no puede ser más que una escena genial digna de cualquier sainete o telecomedia – que tiene como protagonista al tomo G de la enciclopedia Larousse. Porque, y esta es otra de las grandes virtudes de la novela, las páginas de Los trasnochadores están cargadas de humor, humor de todos los gramajes y colores, aunque me inclino a pensar que sobre todo prima el humor negro; y la ironía, una ironía que obliga a designar cada cosa por su nombre pero con otro nombre, hablando claro.

Volviendo a lo que mencionaba al principio, y queriendo destacar la principal virtud – en mi modesta opinión – de esta novela, destaco la forma en que está escrita. El lenguaje empleado por Lessone es minucioso, afilado, un lenguaje en el que cada palabra cuenta, cada palabra está escogida. No porque se hable de alcohol, sexo, drogas, juergas… se tiene que descuidar la expresión; esto lo puede hacer alguien apasionado por el lenguaje, alguien que ha leído mucho y que sabe lo que quiere hacer. En este sentido, lo sitúo en la línea de Montero Glez, por ejemplo, en Sed de champán.

En definitiva, nos encontramos con una obra escrita con detalle, revisada, pulida, pero que sin embargo resulta fresca, ágil, divertida, una novela que te arranca una sonrisa en los primeros párrafos y que logra mantenerla hasta el final. Una novela no apta para recatados, apocados, cobardes que teman a la vida; y muy recomendable para todos los demás.

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