Los relatos de Torpedo (Enrique Sánchez Abulí)

Portada - Los relatos de TorpedoHace ya tiempo que sabía de la existencia de Torpedo, pero no fue hasta hace unas semanas cuando el gusanillo de la curiosidad me picó finalmente. Ocurrió a raíz de una novela de Montero Glez, concretamente de la dedicatoria de esa novela, que el nombre de Luca Torelli se me metió entre ceja y ceja y no cesé en mi empeño hasta conseguir algo del matón italiano. Lo más lógico hubiese sido comenzar por un comic, puesto que así fue como nació el personaje a principios de los ochenta, pero quiso el azar que empezase la casa por el tejado y en una de mis visitas a una céntrica librería malagueña topé con los relatos de Torpedo. Es entonces, en ese mismo día, cuando descubro y encumbro a la categoría de genio a Enrique Sánchez Abulí, guionista excepcional que escupe pequeñas obras maestras de género negro, en no más de tres páginas, que luego cobran vida gracias a los trazos de Bernet, dibujante igualmente magistral.

Pues sí, vamos a hablar de un guionista que no tiene nada que envidiar a un novelista, salvando las distancias y teniendo en cuenta que los primeros siempre gozaron de mediocre e injusta fama respecto a los segundos. Los relatos de Abulí nos trasladan a 1936, a la época de la ley seca, los trompetistas de jazz, los garitos clandestinos, las mujeres fatales que bailan el charleston, y americanos con acento italiano que ocultan bajo el ala de un borsalino miradas sedientas por apretar el gatillo de una Thompson. En mitad de esta América sedienta y violenta surge Luca Torelli, más conocido como Torpedo, matón a sueldo y sin escrúpulos que vende sus servicios al mejor postor. Nadie mejor que él para hacer trabajos sucios, y nadie mejor que Abulí para encargárselos. Lo mejor de estos encargos con forma de relato corto es que nadie sabe como acabarán. Las cosas siempre se complican, lo cual hace a menudo que la historia no se aclare hasta el último renglón, cosa de agradecer.

El humor negro impera en cada línea y los juegos de palabras son dignos del mejor malabarista. En pocas palabras, Torpedo es un cabrón de los gordos, pero derrocha clase a raudales, ya sea pateando en las ingles a sus enemigos, violando a furcias de cabaret o disparando por la espalda. No es de extrañar que sea uno de los personajes de comics españoles con mayor proyección internacional, y tampoco me extraña que Montero Glez se quite el sombrero ante Luca (mucho le debe) al principio de sus novelas. Lo más destacable de Abulí es cómo, con pocas palabras, logra crear ambientes y escenas inconfundibles, para que no tengas dudas de dónde estás metido y con quién te juegas los cuartos. Esto es 1936, y el del traje color hueso es Luca, alias «Torpedo».

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