Llamadas telefónicas (Roberto Bolaño)

Portada - Llamadas telefonicasExisten autores de un solo libro, de un solo cuento o novela, gente que siente el soplo leve de las musas una única vez en su vida, y nada más. Los grandes autores son aquellos que llegan a constituir, a través de sus textos, un mundo propio, unos personajes que lo habiten.

Roberto Bolaño es de estos últimos. El chileno escribió ensayos, poemas, relatos y novelas (aunque él se definía como poeta), y cada uno de estos textos es una parte, un fragmento, de un todo, de aquella Obra con mayúscula a la que aspiraba Juan Ramón Jiménez. Un buen ejemplo de esto es el libro de relatos Llamadas telefónicas.

El libro está estructurado en tres partes. La primera se titula “Llamadas telefónicas” y se compone de cuatro relatos con trasfondo literario:

“Sensini”: un escritor sin fama descubre que un gran escritor argentino está participando (y ganando) en la mayoría de los concursos de relatos de provincias españolas en los que él participa, y logra iniciar un contacto que será triste y enriquecedor para ambos, una excelente reflexión sobre el paso del tiempo y los estragos que provoca.

“Henri Simon Leprince”: la historia de un escritor fracasado durante la Segunda Guerra Mundial, en Francia; pero podría ocurrir en cualquier país occidental actual, ahora mismo.

“Enrique Martín”: el protagonista, en este caso, es un poeta barcelonés. La clave de su historia: Un poeta lo puede soportar todo […] pero conduce a la ruina, a la locura, a la muerte.

“Una aventura literaria”: una “divertida” historia sobre un escritor que comienza a tener éxito y otro que ya lo tiene.

Y el que le da título a la sección y al libro, una historia de amor al límite (un límite que será seña de identidad de Bolaño).

La segunda parte se titula “Detectives” y se compone de cinco relatos:

“El gusano”: el encuentro de un joven futuro escritor, devorador de libros, con un viejo que parecía un gusano, con su sombrero de paja y un Bali colgándole del labio inferior, al que veía todos los días sentado en un banco de la Alameda.

Dos historias que tienen, de una u otra forma, a Rusia como protagonista. “La nieve”: la historia de un chileno, Rogelio Estrada, hijo de uno de los dirigentes del Partido Comunista de Chile y que después del golpe militar emigra a la Unión Soviética. “Otro cuento ruso”: una vez más, alguien refiere una historia al que escribe; en este caso, ese alguien es Amalfitano, personaje del universo Bolaño, y la historia es, de nuevo, de la Segunda Guerra Mundial.

“William Burns”: una historia de violencia, de asesinato e investigación, corta, muy intensa, y que inevitablemente remite a 2666.

“Detectives”: la conversación entre dos detectives chilenos; de sus palabras extraemos datos que nos sirven para entender la historia de Arturo Belano, el constante narrador, el alter ego de Bolaño, y la historia de Chile en el período inmediato al golpe militar. Un relato que sirve de llave para otros textos, que resulta imprescindible.

La última parte se titula “Vida de Anne Moore”. Los relatos que la componen son cuatro, cuatro relatos que tienen como protagonistas a cuatro mujeres al límite, cuatro mujeres y su relación con la Vida, en distintos espacios y en épocas distintas: Sofía, Clara, Joanna Silvestri y Anne Moore. Y es que Bolaño es un enamorado de la Mujer, en todas sus facetas, como madres, como amigas, amantes o compañeras; la Mujer, el núcleo de la Vida.

Los relatos de Roberto Bolaño perviven en la memoria del lector, renaciendo en la sombra que se escapa por una esquina, en la mirada inquisidora de un transeunte, en la lectura de otra obra, de otro autor, en una película. Poseen ese carácter inquietante de aquellos textos que se llegan a convertir en clásicos.

Quedarse con un solo libro de Bolaño es quedarse a medias, porque el chileno logró crear un universo propio, un mundo de interconexiones, de autorreferencias, una tela de araña de la que no se puede (o no se quiere) escapar.

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