Las cartas de Groucho (Groucho Marx)

Portada - Las cartas de GrouchoCuando escucho el nombre de alguno de los hermanos Marx me viene la risa a la cabeza, siempre. Porque enseguida me acuerdo de las películas Harpo, de Chico y de Groucho. Y cuando me acuerdo de Groucho pienso en el puro, en las cejas y en el bigote rotulado. Groucho el liante de las partes contratantes de las primeras partes; Groucho el dictador de la república de Freedonia, Groucho el seductor de señoronas con visón; Groucho Bogart en el Rick´s Café de Casablanca… Ciertamente, ninguno de estos Grouchos se deja caer por las páginas del libro.

Me explico. La novela es epistolar, o sea, colección de cartas. Los originales se guardan en la Biblioteca del Congreso como muestra de genialidad dentro del género, y fueron escritas en su momento por el humorista a diversos amigos, familiares y personalidades de la época. Por tanto no hay que llevarse a engaño. No se trata de un guión de una película de los Marx, ni una retahíla de chistes ingeniosos. Tampoco le vamos a negar la gracia en algunas ocurrencias dignas de mención, como la vez en que cuenta a un amigo el argumento de una película donde conoce a una bella mujer que termina casándose con un caballo: “No pienso interpretar esta obra a menos que me den el papel del caballo”. Al mismo amigo en otra carta: “Por el momento, no hago otra cosa que echar el ojo a las señoras, montar en bicicleta, comer y aprovechar cualquier otro pasatiempo inocente que pueda presentarse”. Pero el caso es que nos hagan mayor o menor gracia, este tipo de situaciones creo que ganan más en la pantalla. Quizá sea esta una de las losas que pesan sobre las cartas de Groucho, prisionero de sus personajes en el cine.

Vayamos al grano. Leamos las cartas. El libro está dividido por categorías atendiendo a la naturaleza de las mismas. Así nos encontramos con aquellas que guardan relación con “La industria del cine”, las que afectan a su “Vida privada”, otras donde intervienen “Groucho y otros hombres de letras”, las dirigidas a guionistas, productores y directores de “Broadway y Hollywood”, cartas cuyos destinatarios son revistas y periódicos “Para publicar”, réplicas e “Incursiones desmayadamente políticas”, misivas afectuosas a sus “Amigos en el extranjero”… Exceptuando “Sin contemplaciones” y “Groucho y otros hombres de letras”, donde el escritor hace gala de un humor ácido y mordaz, el resto podrían considerarse cartas difíciles de entender, debido a las continuas referencias a situaciones y nombres relacionados en su mayoría con el mundo del cine, radio, teatro y televisión de la época. Las numerosas aclaraciones a pie de página ayudan, pero no resuelven. Cierto es sin embargo, que las cartas resultan ágiles y directas, cosa de agradecer por otra parte.

Afortunadamente, Groucho Marx siempre será recordado por sus geniales interpretaciones en la gran pantalla, las cuales forman ya parte de la Historia del Cine. Algunas de sus célebres frases han dado la vuelta al mundo (jamás pertenecería a un club capaz de aceptarme como socio) y su carismática personalidad le ha granjeado millones de admiradores para siempre. Sus incondicionales (a nadie más las recomiendo) pueden disfrutar además leyendo estas cartas. Lo dicho, solo para incondicionales.

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