Las calles de nuestros padres (Francisco González Ledesma)

Portada - Las calles de nuestros padresPara aquellos que ya conozcan a la vieja serpiente creada por Ledesma, poco nuevo puedo contarles. El inspector Méndez, viejo y astuto policía de edad incalculable, vuelve a las andadas. El escenario, como siempre, una Barcelona convulsa y contemporánea, vista a través de la mirada nostálgica del detective, con sus cafeterías de mala muerte, sus prostitutas muertas de hambre, sus delincuentes licenciados, sus amas de casa desgastadas, sus viudas de vida alegre, sus abogados de traje prestado, sus periodistas en duermevela, y el asesinato de una mujer que no puede quedar impune.

Si eres de los que se acercan por primera vez a Méndez, prepárate para observar a través de los ojos de alguien que a pesar de no creer en la justicia, sigue confiando en las leyes de la calle. Con un estilo particular, cargado de nostalgia y poesía negra, lo de menos es el crimen y la trama, que dicho sea de paso, tampoco son cosa de otro mundo. Lo interesante radica en la fuerza con que Ledesma sigue construyendo sus frases, los golpes de ingenio con que retrata la miseria humana, y sobre todo los diálogos cargados de negra ironía. Otra novela de Méndez, que recuerda a otras novelas de Méndez, donde quizá lo más relevante es volver a comprobar que sin Méndez quedaría vacía la mejor esquina de Barcelona, esa en la que se apoya el antihéroe con más paciencia del mundo, dispuesto a devolver la dignidad a algún muerto resolviendo lo que otros no pueden o no quieren.

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