Hollywood (Charles Bukowski)

Portada - HollywoodLo más fácil para alguien cuya vida transcurre a la sombra del alcohol y las drogas, rodeado siempre de vagabundos, prostitutas y borrachos, es terminar en el arroyo como un marginado más. Charles Bukowski es el uno entre un millón. Contra todo pronóstico, acabó erigiéndose en el escritor por excelencia de todos ellos, otorgándoles una conciencia de clase hasta entonces inexistente. Sin trucos literarios ni recursos deslumbrantes, Bukowski vomita sin previo aviso, dejándose las tripas en cada página y recargando la pluma con vodka-7. Durante 73 años se mantuvo en el ring de la vida sin conceder un segundo de tregua al establishment. Lo más fácil hubiese sido morir con el hígado reventado; buscamos respuestas y encontramos una pista en Hollywood:

“[…] Siempre estaba la máquina de escribir para calmarme, para hablarme, para entretenerme, para salvarme el culo. Esencialmente era por eso por lo que escribía: para salvarme el culo, para salvarme del manicomio, de las calles, de mí mismo.”

Y lo consiguió. Hollywood cuenta las experiencias de Henry Chinaski, alter ego de Bukowski, durante la filmación de Barfly, película dirigida en 1987 por Barbet Schroeder y protagonizada por Faye Dunaway y Mickey Rourke. La novela arranca en los meses previos al rodaje, período en que nadie quiere hacerse cargo de la producción y los posibles integrantes del equipo de rodaje aparecen y desaparecen en cuestión de días. Mientras tanto Bukowski trabaja en un guión del que no se siente convencido (a decir verdad nunca lo estuvo), desconfía a la par que acude a fiestas donde encuentra bebida gratis y conoce a personajes del mundo del cine de tercera fila; actores, directores, guionistas, ejecutivos, periodistas… Todos ellos serán objeto del sarcasmo indomable de Bukowski, que pese a los 65 años que tenía cuando escribió la novela no baja la guardia (nunca lo hizo) y continúa despedazando títeres con idéntica fuerza. Más sosegado y más reflexivo tal vez, pero con las mismas ganas de levantar los puños y liarse a hostias. He aquí algunas de las perlas que aparecen en la obra:

“[…] había tenido que aguantar Genios durante todos mis años de colegio: Shakespeare, Tolstoi, Ibsen, G. B. Shaw, Chejov, todos esos lelos. Y peor aún, Mark Twain, Hawthorne, las hermanas Brontë, Dreiser, Sinclair Lewis, todos te caían encima como un bloque de cemento y uno quería salir y huir, eran como padres tontos de remate, empeñados en seguir reglas y modales que acojonarían a un muerto.”

“[…] -¿En que has pensado?

– Es sobre un borracho. Lo único que hace es estar sentado día y noche en el taburete de un bar.

– Pero ¿tú te crees que a la gente le va a interesar un tipo así?

– Mira, Jon, si me preocupara la gente, nunca escribiría nada.”

” […] Yo pesaba 103 kilos de los cuales la mayor parte era grasa en vez de músculo. La época de mis peleas callejeras había quedado muy atrás. Pensar que una vez pesé 65 kilos con una estatura de 1,83: los maravillosos años lejanos en que pasaba hambre y escribía buena literatura.”

“[…] No dejes que nadie te diga lo contrario. La vida comienza a los 65.”

“[…] Tal vez había conocido a demasiados escritores. Empleaban más tiempo hablando mal unos de otros que en hacer su trabajo.”

“[…] – ¿Te agarrará Hollywood por las pelotas?

– Imposible.”

Ninguno de los que participaron en el rodaje aparecen con su nombre real en la novela, aunque para aquellos que hayan visto la película no les resultará difícil identificar a los protagonistas con los personajes. Barfly, estrenada en nuestro país bajo el nombre de El borracho, es sin duda la película que mejor refleja el espíritu Bukowski, la más sucia y la más fiel a su modo de vivir, una joya pasada por alto a la vez que película de culto para todos los seguidores del escritor, dueño de uno de los estilos con mayor número de imitadores, y que describe como nadie las miserias y vergüenzas del sistema. Irrefutable padre del realismo sucio, látigo de las calles, la voz de Bukowski retumba y despierta en mitad de la noche a quienes ignoran, o prefieren ignorar, esa otra realidad. Gran borracho. Enorme escritor. Puro Bukowski.

“Me gustaban los combates. De alguna forma me recordaban a la escritura. Se necesitaban las mismas cosas: talento, cojones y estar en forma.”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *