Hans Hopper (John Lessone)

Dos amigos toman unas cervezas en un bar. Son incondicionales lectores de un escritor llamado Hans Hopper, el único superviviente del círculo de los cinco malditos. Sólo cinco personas así pueden escribir en el mundo, solo cinco plumas son capaces de recrear la realidad de esa manera. De esto hablan los dos amigos cuando un tipo enjuto con boina de anciano pasa por delante de ellos calle abajo.

– No puede ser, ¿lo has visto?

– ¿A quién?

– Me cago en tu vida, era Hans Hopper.

– Te estás quedando conmigo cabrón.

– Que me parta un rayo el culo si miento. Vamos, deprisa.

Los dos amigos salen corriendo detrás del escritor hasta mantener una distancia de cinco o seis metros.

– ¿Y ahora qué le decimos?

– No se tío, estoy muy nervioso. No puedo creer que estemos apunto de hablar con el autor de “Yo nunca me vendo”, “Para ti los millones, para mí los lectores”, “Vendí mi pluma por un plato de sopa”…

– Piensa algo coño, a ver si vamos a quedar como paletos. Deberíamos entrarle con algo fresco pero intelectual para que nos preste atención, quién sabe si se viene de cervezas con nosotros.

– ¿Recuerdas aquella entrevista en la que se cagaba en los muertos de las editoriales multinacionales? Debe ser cierto, mira sus ropas, lleva el pantalón manchado, parecen gotas de pintura.

– Igual es encalador en sus ratos libres.

– Deja de decir polladas y piensa joder.

– Está bien, está bien…que tal si le decimos: Sr. Hopper, es usted lo más parecido a Cristo que ha empuñado un boli. ¿Qué te parece?

– Me parece que eres un poco subnormal. Tenemos que decir algo que congenie con él, algo que le haga pensar que estamos de su lado, algo con clase, algo que también nos de la oportunidad de que se interese por lo que nosotros escribimos…

– ¡Ya lo tengo, ya lo tengo!

De los dos amigos, el que había tenido la brillante idea se acercó hasta el escritor y le dijo: – Sabemos perfectamente lo que hace, nos gusta y estamos dispuestos a lo que haga falta.

El escritor contestó sin mirar hacia atrás:

– Chupar dos mil, follar cinco mil.

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