En el catre aprendí a vivir (Miguel Ángel Lizaranzu)

en el catre aprendí a vivir,

nunca fui muy bueno con las cartas,

y tampoco se me daba bien saber

cual era mi sitio…

he comprado mucha carne que se

me pudrió entre las manos,

ahora, desde esta posición vacía,

todo se ensancha otra vez,

un día más viejo y un año más tonto,

soy como el viento en un ciprés,

ondulado y muerto, casi siempre

en erección,

menos mal que no he sido prudente,

doy gracias por pasarme por el forro

a la responsabilidad…

yo no quiero ser la sonrisa del presidente,

ya pasó la época de los momentos rosa,

vuelvo hacia mi agujero, para dormir y

salir mañana.

Una respuesta a «En el catre aprendí a vivir (Miguel Ángel Lizaranzu)»

  1. La prudencia y la responsabilidad… dictadores con gorra de plato a la antigua usanza, la tapa del ataúd de los muertos en vida, cantos de sirena que adormecen al ser humano y le hacen pasar de puntillas, sin hacer ruido, esfumándose en mitad de una mala sesión de magia sin espectadores

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