Despierta o jódete (Miguel Ángel Lizaranzu)

os castigaré, azotaré vuestros culos
con los látigos que salen de mis ojos,
mi mirada os va a dar lo vuestro…
aquí dentro hay zumbados de verdad,
locos perdidos que no se apiadan
de la divergencia, que desafían a las
leyes de la física con su sola presencia.

Allí fuera no están menos tarados,
se agarran a la mecánica de sus vidas,
a aquello que les enseñaron que tenían que hacer,
aquello que les enseñaron que tenían que pensar,
aquello que es así, porque así ha de ser.
La reacción perfecta al adiestramiento perfecto,
pero la cordura es una ramita seca que se puede
quebrar en el mejor momento,
cuando todo carece de sentido y empiezas
a vivir sin trabas, cuando dejas de acojonarte por
los miedos que mamas,
cuando el fuego no quema y el dolor es un estadio de la mente
que igual que duele puede resultar indiferente…
de modo que:
encuéntrate, psicópata, aprende a quererte, estravismo divergente,
no estás chiflado, tonto de los cojones,
lo estarás si continúas viviendo en esta distorsión de color marrón
que digieres a diario, si sigues participando del farol que te
has marcado como meta, del as que guardas en la manga que nunca pones
sobre la mesa porque no te lo crees ni tú; ese que escondes hasta que llegue algún
momento imaginario improvisado que te venga a salvar, pero, ¿sabes? nunca llegará porque
sería demasiado tarde y alguien se reirá de tí y nunca serás tú el que se descojone contigo mismo,
nunca, o puede que sí, estarás a la altura de tu personal, propia e intrasferible circunstancia.
Despierta o jódete, así de sencillo.

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