Crónicas marcianas (Ray Bradbury)

Portada - Crónicas marcianasUn horizonte entre dorado y cobre salpicado por rocas negras. Una bruma lechosa que envuelve una montaña a lo lejos. Se transmite la serenidad del silencio, apenas estropeado por el susurro del viento jugueteando entre las oquedades, levantando algo de arena. Es el mismo cielo, podría ser la misma Tierra, pero es Marte.

Gracias a los avances de la técnica, con sólo teclear “imágenes Marte Spirit” en Google, podemos ser testigos de un paisaje marciano. ¡Qué pensará Ray Bradbury, cuando en 1950 tuvo que emplear toda su imaginación para reflejarnos sus Crónicas marcianas!

Desde pequeño (y creo que es algo que nos ha pasado a muchos) he sentido una especial fascinación por el espacio, por el mundo que puede existir más allá de nuestro planeta, una fascinación no exenta de cierto temor. Tras la lectura de esta obra ambas sensaciones han experimentado un importante incremento. Y es que, como dice el maestro Borges en el prólogo de esta edición:

«¿Qué ha hecho este hombre de Illinois, me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me llenen de terror y de soledad?”.

Terror y soledad, siempre certero el maestro. Porque de eso se trata, en esto se centra Crónicas marcianas. He leído cómo algunos describen este libro como una colección de relatos. Discrepo. Para mí, Crónicas marcianas es una novela estructurada en forma de distintos relatos, crónicas (como su propio nombre indica, obviamente), esto es, una “historia en que se observa el orden de los tiempos” (DRAE), al más puro estilo de aquellos cronistas españoles – pienso especialmente en Álvar Núñez Cabeza de Vaca – que describían las maravillas que encontraron en “otro Nuevo Mundo”. Es este orden el que le otorga una unidad al conjunto que está por encima de una colección de relatos. Estos tres aspectos (el terror, la soledad y la temporalidad) constituyen, en mi opinión, un argumento para calificar la obra como una unidad, pues son tres elementos que se repiten a lo largo de las páginas, son el hilo argumental que algunos dicen que no tiene la obra.

¿Cómo se estructura este orden temporal? La narración comienza en enero de 1999, en la Tierra, cuando un cohete parte de Ohio e instala un momentáneo verano en pleno invierno; a partir de aquí, todo se tiñe de un color misterioso. Bradbury inicia con los lectores un juego de ocultaciones, sugerencias, indicios… Se nos plantea la vida en Marte como no muy ajena a la nuestra. Pero, ¿de dónde parte esa semejanza? ¿Es real? Esta incertidumbre se genera a través de extraordinarios fragmentos, como Abril de 2000. La tercera expedición o Septiembre de 2005. El marciano.

Pero hay más. Esta obra no es simplemente la imaginación de un autor puesta en marcha, la descripción de una civilización, de una convivencia… Esta obra es, y creo que es su principal objetivo, una reflexión sobre el ser humano. Porque Bradbury ahonda en la esencia del ser humano, en aquellos rasgos que nos diferencian como especie. Y al acabar esta reflexión, sólo podemos sentir (de nuevo, con Borges) terror y soledad, pues ese es el mensaje que nos transmite este autor: pase el tiempo que pase, estemos en el lugar que estemos, los rasgos que nos caracterizan son la violencia, el espíritu de conquista, la guerra, la ambición… El ansia de destrucción.

La última crónica es de octubre de 2026. En veinte años el hombre ha colonizado Marte. ¿Qué ocurre entonces? ¿Cuál es la situación en ese 2026 marciano? Apelo a vuestra curiosidad para que lo descubráis, pero no olvidéis dos palabras: terror y soledad.

En este 2008 nuestro que se acaba, el hombre sigue buscando en el espacio, en ese afán de encontrar nuevos lugares y nuevas civilizaciones, en ese afán por no sentirse solo en este vasto universo. Escuchando la opinión de Stephen Hawkins (que dice que a la Tierra le quedan cien años como mucho y que nuestro futuro está en el espacio) y mirando al cielo una noche despejada, el espíritu aventurero del viejo niño renace en mí con una intensa fuerza; y se instala entre mis ojos un poderoso temor.

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