Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce (Roberto Bolaño y A.G. Porta)

Portada Consejos de un discipulo de Morrison a un fanático de JoyceLa pregunta es: ¿por qué de repente se interesan en sacar a la luz los primeros fósiles de un escritor? Factores a tener en cuenta antes de responder: uno, que ahora el tío vende; dos, que ha fallecido recientemente; tres, el editor confía ciegamente en la calidad temprana de sus primeros escritos. Dejando aparte el tercer argumento (llamémosle broma), los dos primeros suelen ir de la mano, la leyenda y el marketing, socios perfectos en las áridas tierras de la «liteurotura».

Para que vamos a negar que ahora, Bolaño enamora. La gallina chilena de los huevos de oro no para de poner. Bueno, poner no pone, porque en el 2003 abandonó el corral de los vivos, para desgracia de los amantes de su universo, y por eso mismo andan medio locos los editores, esos farmers cebadores que aprovechan cualquier huella o cagarruta de la susodicha gallina para bañarla en oro, encuadernarla y lanzarla al mercado bajo grandes slogans. Lo mejor de la literatura contemporánea desde García Márquez y cosas por el estilo. Bolaño, no te levantes.

Los consejos del discípulo de Morrison a un fanático de Joyce cumplen con la norma, maldita la hora en que lo compré. Tentado de abandonar la lectura en varias ocasiones, aguanté el tirón con estoicismo, diciéndome lo que siempre suelo decirme cuando una novela no me convence en las primeras páginas: a ver si mejora. Diez páginas más, venga. Otras diez, vamos. Joder, esto va a peor, pero total, son diez ya las que me quedan para acabar. Y al final te lo lees, animado por un puñado de flipados que escriben en foros asegurando que existen huellas de los detectives salvajes, incluso de 2666. Lo que hay que escuchar, porque a fin de cuentas no se trata de una gran obra, sino de un experimento a cuatro manos donde confluyen los intentos de Porta y Bolaño por dar forma a una idea que no es mala, pero que se pierde al final de tanto cabo sin atar. Un joven barcelonés enamorado de Ana, atracadora de bancos, escribe novelas y deambula de un lado a otro arrastrado por el amor fatal que siente hacia la mujer. Existen intentos por ahondar en cuestiones como la huída de la realidad, la vida al límite como alternativa, pero no llegan a cuajar. Tal vez ahí encontremos una lejana pista del Bolaño al que estamos acostumbrados, aunque sólo tal vez. Cuestión de incondicionales, supongo.

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